Voy a ser honesta: no esperaba nada. Después de dos años de decepciones, ya no me ilusionaba con nada.
Día 1:
La primera vez que usé Isyra sentí algo que nunca había sentido con ningún tratamiento: un calor profundo en el cuero cabelludo y un cosquilleo constante, como si algo se estuviera activando por dentro. No vi cambios visuales. Pero mi cuero cabelludo se sentía diferente. Después de meses de sentir que nada pasaba, eso ya era algo.
Semana 2:
La sensación se mantenía después de cada sesión. Mi cuero cabelludo se sentía vivo. Y empecé a notar que había menos cabellos en la almohada. No desapareció la caída de golpe, pero algo estaba frenando.
Semana 4:
Me desperté un lunes y miré mi almohada: limpia. Sin mechones. Llevaba meses despertando con ese nudo en el estómago y ese día simplemente no estaba. Llamé a mi hermana y le dije: "creo que está funcionando."
Semana 6:
Fui a mi control con la dermatóloga. Se quedó mirando mi cuero cabelludo y me dijo: "¿Qué hiciste diferente? Esto no es normal."
Le conté sobre Isyra. Me miró escéptica. Pero los resultados estaban ahí, en su propia pantalla.
Mes 3:
Mi dermatóloga me pidió que le llevara el dispositivo a su consulta. Quería entender cómo funcionaba. Me dijo: "Nunca había visto recuperación así sin tratamiento farmacológico."
Hoy mi cabello tiene la densidad que creí perdida para siempre. Lo uso 10 minutos al día mientras tomo el café. Sin cremas, sin mezclas, sin rutinas complicadas.